lunes, 6 de agosto de 2012

Un siete de junio



Quedaste libre de cadenas 
de llantos desgarrados 
por un golpe cruel del destino 
y fui pañuelo en tus ratos amargos. 

Llegué tarde a tus brazos 
cobijo de amores frustrados 
desahogo de la carne y el cuerpo, 
debilidades del ser humano. 

Y vi en tus ojos arder la llama 
¡Cuando menos lo esperaba! 
Sentí el preludio en tu mirada 
de una meta ya ganada. 

Llegué tarde a tu corazón 
ocupado de esperanza, 
te vi gozar con su presencia 
combatiendo el cuerpo y la razón. 

Fui cómplice de vuestro amor 
a sabiendas que te perdía, 
el cuerpo minado por el dolor 
pedía a gritos fueses mía. 

Y vi la sonrisa iluminar tu cara, 
temblar tus labios con su llamada, 
y en aquella noche clara 
sospeché, que serias amada. 

Salí en tu busca angustiada, 
y descubrí tus labios los suyos rozando 
fundiéndose dos cuerpos en un abrazo. 
Salí en tu busca y encontré la nada. 

Desanduvieron mis pasos el camino, 
mis ojos, sin fuerza para el llanto 
escondieron la pena en el silencio. 
Supo el corazón que había perdido. 

Copyright Fini López Santos
Foto de la red





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