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viernes, 9 de enero de 2015

"Mi Loba"

Fotos de la red



Se sentó deseosa de refrescarse, el día se presentaba bastante caluroso, Sevilla ardía.
Desde la Campana, su heladería preferida, había un paso hasta su apartamento, tenía
suerte de vivir en aquella calle. 

Tan abstraída saboreaba la Stracciatella que ni cuenta se dio que era observaba con verdadero 
interés, la devoraba sin recato alguno, al pasar por su lado solo se escuchó un susurro: te comería 
toda mí loba y un escalofrío recorrió su espalda.

Aún no había entrado en la ducha cuando llamaron a la puerta y una simple flor dejó paso a una
tarjeta en blanco con dos palabras “Mi loba” y palideció.

Le mandó flores cada día durante una semana, nunca iguales, pero si las mismas palabras. 
¡Necesitaba conocer a quien le subía la lívido de aquella manera tan desenfrenada!

Bajo a la heladería, exuberante, sensual, ardía en deseos por un acercamiento y se marchó 
cansada de albergar ilusiones fatuas, alzándose de hombros pensó, un error, seguro que fue eso. 

La frescura del agua se agradecía, frotó su cuerpo hasta desaparecer aquel ardor que la 
devoraba arrastrando toda calentura por el desagüe, se puso el albornoz justo al tiempo en que 
sonó el timbre de la puerta, su corazón bailó, pero no eran flores esta vez.

Bellísima de ojos esmeralda y piel aceituna, el cabello negro azabache, tenía una mirada 
que hizo palpitar su piel. 

– ¿Me dejas pasar, mi loba? 

Juguetona le soltó el albornoz mientras cerraba a su espalda y diseño con sus dedos 
mareas, recorriendo el laberinto de su ombligo, su lengua húmeda resbalaba devorándola
entre arrullos de placer hasta hacerlo insoportable. 

-¡Cómo me apetece ponerme en tus labios!

Con decisión se adentró en su boca buscando ávida su lengua, se entretuvo saboreando 
el néctar de sus salivas a la vez que se entrelazaban como yedra unos cuerpos deseosos 
de ser devorados por el placer. 

Fueron besos glotones, impacientes, genuinos, besos que detenían su mente en un solo 
punto, gozar hasta el límite de la sin razón, no quería pensar y pidió sentir sus manos
más atrevidas.

-Necesito llegar al clímax, le dijo:

Se amaron como dos “Lobas”, se devoraron, la sintió dentro de ella, se resquebrajaba
toda transpirando enloquecida, quedando sin respiración en un orgasmo desconocido
y se abandonaron hasta perder la noción del tiempo.

Copyright Fini López Santos











martes, 2 de julio de 2013

Vuelve a mi




Aquella mañana, pesaban las sabanas,
la fuerza de la gravedad hacia presencia en ellas
parecían losas pesadas a diferencia de otras mañanas.
Ella, muy lejos de la realidad cotidiana, indolente y
abandonada en los brazos de Morfeo: se había
pasado la noche entre sueños ardientes, placeres
suaves furtivos; a veces era tal el contoneo de su
cuerpo, que bien podría decirse que emanaban
de sus entrañas pasiones explosivas…
De esas pasiones que se esconden a vistas de los ojos
de propios y extraños…
La mañana era triste, llorona, la niebla no dejaba
ver el frondoso parque que a lo lejos se intuía y
siguió retozando perezosa entre las sabanas,
su cuerpo deseaba las caricias de la desnudez.
Envuelta en sudor y rebosando de esa calentura
que atraviesa los poros desparramándose por
toda la piel, pedía a gritos le diese placer...



La noche a diferencia del día, en medio del silencio
abrumador de aquella casa y lejos de cualquier
humana mirada, tiene el efecto en su cuerpo
como si alguien invisible y escondido en lo más
profundo del inconsciente; abriera con llave del
baúl de los deseos tan fuertemente reprimidos…
En el letargo en el que se hallaba, escucho a lo lejos
los pasos uniformes, sigilosos del hombre de su vida
y como impulsada por un resorte se incorporo deseosa
que fuese cierto, pero solo era el deseo latente
de tenerlo a su lado…
En la caldera hirviente que eran sus sueños, su piel
cobro conciencia propia y su hermoso y apetecible
cuerpo como la fruta en su punto más dulce
de madurez, lleno estaba de sudor como si llevara
horas en la sauna…



Su calentura interna manjar de amor y deseo
emanaba efluvios en gotitas tan finas, que parecía
el rocío que en la mañana cubre las flores.
La calentura era tal, que parecía una
catarata térmica lista para ser devorada…
Pues era innegable que las carnes de su cuerpo
pedían generosas caricias y ella ayudaba a su imaginación
echada en la cama con su blanca desnudez.
Había amanecido, otra día más sin noticias suyas
¿Cuando fue la ultima vez que lo vio?
Le parecía una eternidad sin sus brazos, sin sus besos y
de nuevo comenzó a temblar, su cuerpo a mudos gritos
seguía reclamando una migaja de placer que como penitencia
ella se había negado en la noche, pero ahora si que lo haría, ¡si!
Pero nuevamente se negó, no estaba dispuesta de nuevo a caer
en esa misma ansiedad, tenía que olvidarle y las manos sobre su
cuerpo lastimado, negado por el placer contenido, no debían
ser reemplazadas por las de el.
¡Como acallar la hoguera al rojo vivo en el que se había convertido
su cuerpo hambriento y sediento en busca de placer al que ya
no se podía negar más!…



La ducha fue un calvario, sus manos 
electrizaban el vello, el gel con aroma a rocío
¡Como le gustaba a Richard ese perfume! 
ese mismo gel era cómplice de sus manos 
y la incitaban a valerse de tan cremoso placer,
sus pechos reclamaban caricias que ella les negaba,
dolían prietos de deseo, de haber estado él 
estaría saboreándolos, bebiéndolos, arrancándole quejidos, 
deseos de seguir más y más, quizá estuviesen bajo la ducha o en el suelo 
como tantas veces.
¡Como lo deseaba! ¡Como deseaba que su cuerpo! 
temblara de placer, y de nuevo sus dedos caprichosos 
jugueteaban con sus pezones, duros, 
hambrientos de sus labios…



Se dejo llevar por los recuerdos del pasado cuando…
De pronto noto su presencia y esa magia irresistible
que te hace girar la cabeza y como si ella misma lo estuviese 
esperando le dio un beso en la boca con toda desfachatez,
la miraba con avaricia, esa mirada libidinosa que desnuda...
¡Quedo atrapada en aquellos ojos que la embrujaban!
-¡Eres hermosa! estas apetecible
-Quizá luego te apetezca que te haga el amor



Atónita a lo que estaba escuchando, no pudo mas que 
responder entre el asombro y la incredulidad.
-Viejo verde- no soy accesible para ti.
-Eso lo veremos- serás tu quien me lo pida.
-Ja ja- ¿también presuntuoso?
-¿Comemos juntos?
- Solo lo acepto de mis amigos y tú no lo eres.
- ¡Soberbia la Sirena!
Y se marcho como si no hubiese ocurrido nada, dejándola
absorta en ese letargo de perplejidad absoluta…



Eran recuerdos en tropel que llegaban sin límite alguno.
Aquella mañana cuando llamaron a la puerta y…
¿Pero quien te crees que eres, cómo me encontraste?
Allí estaba, apoyado en el quicio de la puerta como
si de un Adonis se tratara, la verdad es que lo encontró 
apetecible, pero no se lo demostraría, a un no,
no le dejaría entrever que no se aparto de su mente
desde aquella mañana.
Todo eran recuerdos que confundían su realidad 
¡Como lo echaba de menos!
Su cuerpo gritaba pidiendo sus caricias, sus ojos 
dejaron caer un manantial de lágrimas
y la garganta sollozó hasta vaciarse, 
dejando resbalar su espalda por la pared hasta sentarme, 
apoyando la cabeza en sus rodillas y lloro, lloro 
amargamente mientras el agua corría tibiamente.
¡Qué falló! ¡Qué hicimos mal! 
Son caprichosos los sentimientos


Seco su cuerpo con el albornoz 
¡Casi nunca lo utilizaba!
El se encargaba de sacarla con el calor de su cuerpo y
sacudió su cabeza como si al hacerlo, sus pensamientos
abandonasen ese rincón de la mente en el que se habían posado.
Preparo sin ganas un café y en ese momento llamaron a la puerta, 
fue brutal el impacto, estaba allí, delante de ella, 
con los brazos caídos, los ojos hundidos, demacrado, 
se abalanzo sobre sus brazos y su voz la estremeció…




Sus pechos se fundieron en un abrazo desesperado y
su piel contenta reacciono soltando toda la adrenalina acumulada.
-Debieras estar presa por ladrona ¡me robaste el alma!
Sus manos apartaron de la cara de ella las gotas de agua que todavía 
resbalaban de su pelo mojando sus hombros y el escote, 
¡Como había deseado ese momento!
Se perdió en el mar que eran sus ojos y la llevo 
meciéndose en sus olas, la acuno en sus brazos y la llevó 
en volandas a la habitación sin mediar palabra, sin pedir permiso, 
solo llevado por el impulso que dan las ganas de estar juntos, 
el deseo de juntar sus sexos, 
de comerse a besos, de no escapar del placer sublime
de tenerse, de reencontrarse, de amarse…




De pronto sintió las prisas por tenerle,
y el miedo a perderle de nuevo se apodero de ella dejándola
en un estado de abandono total, se dejo vencer con un
llanto desgarrado y fue la ternura personificada en las
manos del las que consiguieron sacarla de aquel
estado de catalepsia.
Fue soltando la bata de ella con premura,
sus manos, esas manos tan apetecibles, tan delicadas,
se deslizaban por sus hombros dejándola caer a los pies,
su hermosa desnudez quedó exuberante ante sus ojos y a su
piel afloraron los nervios lógicos del encuentro,
su reacción fue inmediata ¡La deseaba!
y ella lo deseaba enloquecidamente también
tanto o más que la primera vez.
Sus manos cogieron la cara de ella, su mirada la enterneció
y su boca a cámara lenta rozó la comisura de la suya
suave, casi sin rozar, como no queriendo, de pronto
los labios se encontraron, cerro los ojos y sintió
como los de el comían los suyos, primero uno, luego otro,
para meterlos prisioneros dentro de los de el, glotones,
saboreando la dulzura del deseo retenido…




La fue llevando entre besos hasta pegar su espalda
a la pared sujetando sus brazos en alto dejándola a su 
merced, su boca se fue deslizando por el cuello…
Tan lentamente que creyó morir, su garganta dejo libre
sonidos de placer y al ver sus pechos trémulos, generosos, 
¡Lucían bellísimos! Suaves, tersos santuarios de gozo…
Las rosadas aureolas parecían ruborizadas de saberse 
que son el táctil botón que abre la puerta 
del placer; y sus pezones eran insinuaciones, 
incitaciones para arrancarle miradas perversas 
de deseo…



Y recibieron sus pechos las caricias hambrientos
de sus besos, primero uno luego otro 
¡Cuánto placer y disfrute! 
Desafiantes orgullosos de captar sus momentos, 
recibieron la primera lamida, tímida, era casi como 
un saludo, para luego gozar turgentes de los besos, 
deliciosos mordisquitos, y pequeños pellizquitos…
Porque beso tras beso, chupada tras chupada, 
se conectaban en una sola honda de placer convirtiendo 
en un húmedo tobogán su vagina, con la única 
diferencia que por momentos dejaba de ser tobogán 
para transformarse en un volcán a punto de entrar 
en erupción… 
Envueltos en aquel huracán de pasiones estaban, 
cuando sonó el timbre de la puerta insistentemente, 
Claudia, aturdida consiguió ponerse la bata y salir 
a ver que ocurría, su acelerado corazón se podía 
escuchar de lejos y su rostro acalorado le 
daba ese aire especial de felicidad a pesar de 
que el rictus de su boca con gesto fruncido aparentaba otra cosa…



Tardo en reunirse con su amor, cuando entro en el dormitorio 
lo vislumbro en el lecho boca abajo, plácidamente dormido 
o así pensó, se dejo caer a su lado con cautela deslizándose 
por sabanas de seda sintiendo la suavidad de las mismas en su piel, 
fueron segundos, para ella una eternidad cuando sintió el calor de 
sus manos donde lo dejaron… 
-¿Que paso Sirena? 
-Umm..., no recuerdo… 
-¿Estas segura? 
-Bebías de mis pechos… 
-¿Así, así? 
-Sigueeee, no te detengas…




Y no se detuvo, retomaron caricias, besos desesperados, 
abrazos encadenados hasta faltar el aliento y de nuevo 
el revoloteo de mariposas en su estomago y la fiebre 
del ardor cubrió su cuerpo. 
Sus piernas se fueron debilitando, le sujetaron 
sus brazos y se dejo llevar, para empezar 
donde lo dejaron aquella fatídica tarde, 
no quiero recordar… 
¡Me vuelves loca amor…me vuelves loca! 
El calor era sofocante, 
quizá por el clima o las 
calenturas propias de sus bajos. 
Siguió besándolo sin prisas, pícaramente, 
mientras acariciaba su pecho al descubierto, 
su boca se detuvo en el lóbulo de la oreja y 
su lengua exploro bajando por su cuello y viajo 
a sus pezones, deseosos sienten el leve mordisqueo, 
la separo un instante para coger aire, le costaba respirar. 
Aflojo su cinto y fue deslizando sus pantalones, sus slips 
y asomo su falo ¡poderoso!




Fueron dejándose caer en el lecho sin prisas,
saboreando sus labios, sus lenguas,
entrelazándolas con rabia,
retuvo su mano lamiendo dedo a dedo
con picardía, se estremeció,
¡Como le gustaba verlo perder el control!
¡Ummm, me sabes a chocolate!
Dijo ella con un ronroneo capaz de derretir al mismo diablo…
Asió la cara de ella besándola toda con desesperación,
con ansiedad contenida, los labios bajaban por su
cuello, sabía de su debilidad y jugando con el
lóbulo de la oreja arranco gemidos nerviosos,
su piel le deseaba, tanto, tanto, que hacia
daño pero se resistía a dejarse vencer...



Su boca siguió explorando 
nuevos caminos llegando 
con delicadeza 
a sus pechos algo grandes, 
capaces de darle el mejor de los gozos, 
sabia que le gusta y era cruel, 
se regodeaba de su placer y 
descubrió una mueca de 
satisfacción en su cara. 
Sus labios bajan poco a poco 
por su estómago hasta su vientre,
el placer era inmenso, y la piel
comenzó a transpirar, 
el calor quemaba las entrañas y el 
cuerpo se retuerce de placer, huye 
pero las manos de el la sujetan, 
no quiere perderla ni por asomo, 
la asió con dulzura llevándola a sus brazos,
acunándola mientras separaba el pelo
de su cara para recrearse mirándola
¡Como le gustaba verla así, excitada!
La separo y de nuevo lamió, chupo
y mordisqueo sus pechos,
arqueo su cuerpo, momento en el
que el aprovecho para bajar
hasta su monte de venus,
¡Sigue, sigue! le imploro
y presintiendo el desenlace
lo deseo febrilmente y
su voz trémula por la pasión
le pregunto: ¿quieres?
¡Si cómeme toda!



Se acomodo sobre su cuerpo y sin tiempo a controlar su agitación 
su boca se cerró sobre el sexo, suave, caliente de ella 
explorando y aflorando cada gesto de amor, cada suspiro 
y de nuevo subió por su estomago a su ombligo y su 
vulva reclamaba su boca palpitando como loca…
Estaba exhausta, dejó que se relajara y ese fue su error,
en un descuido consentido, como una gacela salto
sobre su cuerpo sentándose a horcajadas sobre el,
se inclino para besarlo y
sus pezones duros, erectos, rozaban los suyos,
su boca comió la suya hasta doler,
los labios hinchados de placer y
esa mirada lasciva que la enloquecía hicieron el resto.
Acaricio sus brazos musculosos,
su pecho algo velloso que tanto le
gustaba acariciar y su vientre, ese vientre,
antesala del más dulce de los placeres…
Los besos quedaban dibujados en su piel como tatuajes,
bajo despacio jugando con su ombligo
y noto su sexo henchido de placer,
pasó de largo besando sus muslos,
siguió bajando por su entrepierna hasta llegar a sus pies
deleitándose con sus dedos y
arrancando sonidos irrepetibles,
-No seas cruel sirena y ella sonrío maliciosa…ummm
¿Me esperabas? Preguntó con picardía…


Subió poco a poco, trepo sin recelo,
se entretuvo en sus caderas y sus manos
juguetonas le acarician
bajando hasta tu sexo erguido, orgulloso,
latiendo de deseo
y le acaricio llegando al fondo de sus sueños
y su boca deseosa por darle placer lo engullo
avariciosa arrancando palabras
sentidas, gemidos de gusto que retuercen su cuerpo,
por momentos se viene abajo y le deja
-Quiero tenerte en mí, dentro muy dentro.
Me tendrás Sirena, me tendrás…
y sin mediar palabra
salio de la habitación ante el asombro de ella, no, no
otra vez no lo resistiría.
Escucho cerrarse la puerta de la calle,
quiso gritar su nombre pero su garganta,
su garganta no emitía sonido alguno y
comenzó a llorar desesperadamente…


Creyó volverse loca, creyó morir lentamente y en ese instante
en el que su cuerpo se abandonaba sintió la caricia
en su rostro y se abalanzó contra su pecho con los puños
cerrados golpeando con llanto desgarrado…
-¿Porqué, porqué?
-Lo siento, debí avisarte…
-Avisarme de ¿qué?
-Recordé que deje las maletas en el descansillo…
-Perdóname amor…
Y al escuchar sus propias palabras supo que ya no tenía
vuelta atrás, si alguna duda tenia quedo disipada…
¡Estaba locamente enamorado!
Y lo mejor era que se sentía pleno, feliz.
La lleno de besos, bebió sus lágrimas y sus caricias fueron
mas atrevidas, mas directas, le arranco quejidos de placer
como nunca los había escuchado, acaricio su sexo
húmedo, caliente, destilando placer y la sintió entregada…


La giro de espaldas, su respiración
agitada te pedía a gritos ser poseída, pero
el no escuchaba, sus manos la acariciaban toda,
sus labios expertos seguían besando y su lengua
lamía cada palmo de su piel confeccionando un traje de
saliva, sus manos cogieron las caderas de ella
levantándolas para elevar sus nalgas
y una de sus manos comenzó a explorar su sexo
hasta casi perder el sentido, tuvo su primer orgasmo…
Noto su sexo saltar hacia ella y apretó
suavemente su cuerpo contra su pene
caliente, duro, se giro lentamente, le pareció
un Adonis, poso su boca en la suya y entonces sucedió…
Entro en ella despacio, muy despacio,
deslizándose profundo,
su pene se acomodo en la vagina y las
manos de ella buscaron su punto de placer.
Su ritmo lento como el vaivén de las olas,
el cuerpo cansado entrando en un dulce sopor de abandono
le insta a realizar movimientos descontrolados y
el ritmo se acelera, se mueve rápida con espasmos,
gime, recibe y siente todo su cuerpo prieto contra ella...


Ahora solo son sonidos, sonidos guturales, sin sentido,
los movimientos son una incontrolable ondulación
la ansiedad llega a su cima, la boca de el impaciente divaga
sobre los pechos embriagados de besos y rodaron por el lecho
cambiando posiciones siendo ella la que cabalgaba…
Ahora era ella quien tiene el privilegio de poseerle.
Sus manos en la cintura ayudan a su cuerpo cansado casi exhausto,
llegando al delirio de este cortejo de ensueño y se dejo llevar
viajando rumbo a las estrellas,
mas, mas, sigue, sigue, sigue…


Dejo libres sonidos agudos, entrecortados y lo sintió 
vibrar dentro de ella, sus movimientos al unísono sienten
que llega el momento, ese momento tan deseado ¡El clímax!
Sus ojos le suplican y su cuerpo se entrega, el rostro de el
tenso primero, por momentos placentero,
¡Yaa mi amor! Aaaaaah
Y amortigua los gritos contra la suavidad de su pecho.
Eres mío…solo mío y se dejo vencer para amarle,
entregándole el elixir desenfrenado de sus fantasías.
Derrotados los cuerpos, abrazados,
cayeron en un sopor más allá de los sueños
y esta vez estaba allí, a su lado extenuado.
¡Como no había de echarte de menos!

Copyright Fini López Santos
Fotos de la red



lunes, 1 de abril de 2013

Amanecer en Túnez


Desperté temprano, por la claridad que asomaba 
entre las rendijas de la persiana, diría que estaba 
amaneciendo. Extendí mi brazo en su busca, pero no estaba... 
Se adivinaba un día pesado, me incorporé y descalza 
me dirigí al baño, necesitaba una ducha urgente, 
este calor me debilita. 
Era una bendición recibir el agua fría templando este 
cuerpo siempre hambriento de ti. Desde cuando? 
Te deseé siempre, desde el mismo instante en que te vi.



Desnuda y con la piel todavía húmeda me adentré en el dormitorio 
y al cruzar el quicio de la puerta, paseé la mirada por el hueco 
que dejaste en la almohada, te veía, sin verte, plácidamente dormido 
y una mueca de felicidad llenaba mis labios, las palpitaciones se 
aceleran y yo con ellas. 
El sari se pegaba a la piel dejando intuir mi desnudez 
bajo el. Calcé mis pies con las sandalias que tanto te 
gustan, regalo de aquella noche en Túnez donde mi 
atrevimiento te comprometió y mi osadía te llevo 
a mi lecho... Recuerdas?...



Me acerqué a tu mesa después de comerte sin decoro con la 
mirada, me sentí salvajemente atraída por tu porte y 
ademanes. Tirabas de un hilo invisible y mis 
ojos no se intimidaban ante los tuyos seguros de su 
imán, como sonámbula fui hacia ti y escuché lejanas 
mis palabras resonando su eco en mis oídos.
-¿Puedo besarte? -Te dije como algo natural-.
Y sin esperar contestación alguna me senté en
tus rodillas y como un péndulo me fui inclinando
hasta posar mis labios en los tuyos. 
No ofreciste resistencia... jamás nadie me beso así.




Sólo nuestras bocas disfrutaron del roce y la entrega de nuestros más de mil vatios 
recorriendo cada terminación nerviosa, no hubo caricias, sólo dos 
bocas devorándose con lujuria. 
La siguieron algunas noches y otras más, en cada una, 
te sentí un hombre diferente. 
Cada noche una aventura, 
cada noche... las mil y una.



Bajé las escaleras en tu busca, pero no estabas, 
sólo encontré vacía la estancia, y a través de la 
cristalera te vi a lo lejos... en nuestra cala, 
frente a nuestro mar mediterráneo, integrado en el paisaje, 
esperando el sol. 
Corría una leve brisa que erizó mi piel, quizá 
quería decirme algo, pero, ya era tarde, no había 
vuelta atrás... Mi corazón te pertenece.



Me abrace a tu espalda llenándola de besos 
restregando mi cara por ella cómo una gata
en celo en busca de tus caricias, pero no 
estabas allí. Solo su cuerpo. 
En aquel paraíso sólo nos teníamos uno al otro, el 
tenía su vida en Túnez, todo lo que le hacía feliz 
estaba lejos, demasiadas cosas tiraban de el, ante 
un deseo ya consumado en mi persona.



Sentí en aquél abrazo un escalofrío, presintiendo 
el final de un sueño. Solo se escuchaban mis latidos 
y el mar calmo susurrando te quieros a su orilla, 
al igual que los tuyos, cuando te acunas amoroso 
entre mis pechos y escuché el silbo entre los juncos 
de las dunas tararear melodías de amor.
Me incorporé lentamente, con un cansancio 
disfrazado de comprensión. Debía dejarte a solas, 
sólo tú, debías encontrar la respuesta buscada.



Le di la espalda dirigiéndome a la casa y al momento 
sentí su mano sobre mi brazo, me detuve y al girarme 
vi una mirada desconocida en aquellos ojos en los que 
tantas veces me miraba y nos besamos a la desesperada, 
devorándonos, sangrando el labio 
ante la locura de una pasión desatada.



-Eres mía, aquí y allí... en donde habites! 
Ávidos de caricias, nos dejamos llevar por 
el torbellino de la pasión y no necesité grilletes 
para quedar inmóvil ante sus manos. 
Me dejaste desprovista del sari con una ternura 
inusitada, y me fuiste moldeando cual estatua 
de barro, tu mirada... tu mirada tenía palabras 
nuevas en su horizonte, tus labios ávidos de mis 
pezones, se recrearon en ellos hasta hacerme 
vibrar, fue tu lengua trazando el camino al 
unísono que tus rodillas se anclaron en la arena 
y tu boca a la altura de mi sexo, fue el cenit.



Perdimos la noción del tiempo y me abandoné al 
placer que me entregaba tu cuerpo, se rompió mi 
voz de tanto susurro dado, de tanto pedirte 
más. Las fuerzas nos fueron abandonando 
quedando rendidos en la dorada arena y tu 
pecho sobre el mío quedó inerte y entre el sopor 
de la lujuria que iba remitiendo, te escuché. 
-Te amo, te llevo en mi sangre. 
La decisión estaba tomada. 
Supe que jamás te marcharías... 

Copyright Fini López S. 

martes, 26 de febrero de 2013

Nuestro amor




ELLA

Como decirte que mi sangre arde 
que en cada poro te siento 
que te sigo y te camino 
que entregarme en cada beso necesito. 
Como no admitirte bajo mis sábanas 
si por tenerte muero de ganas 
como esconderte mis senos 
si deseosos de tu boca están ellos. 
Mi espalda se arquea 
mis senos...te retan...acerca tu boca 
entre suspiro y suspiro 
por mi vientre sube el fuego 
destreza la de tus manos 
sabias...expertas. 
Si estas en mi boca 
baja por mi cuello...bésame toda 
en ese punto, donde me vuelves loca 
siento tus manos explorar...mi gruta 
húmeda...como el rocío al resbalar por las hojas. 
Y me dejo voltear, tu pecho en mi espalda 
en mi cuello...tu boca 
mis caderas contra tu sexo...prietas 
lo intuyo...lo siento...y traidores tus dedos 
penetran en mis adentros. 
Te busco y te encuentro... 
te quiero abandonado en mi lecho 
cierra los ojos...me entretengo 
te monto...me alejo...me dejo... 
contra el tuyo...mi pecho 
te beso...te beso. 
Mi lengua tu barbilla lame 
con deleite se desplaza por tu cuello 
hacia abajo...resbalo...lentamente 
me adueño de tus pezones 
suave...prisioneros de mis dientes 
me sientes...estoy llegando a tu vientre. 
Ummm...pídemelo...! Saboreo tu ombligo 
mis pechos prietos...acarician tu cetro 
latir lo siento...triunfante...erecto 
y la boca glotona desafiante baja por tu muslo 
juguetona...pídemelo amor...estas en mi alcoba. 
Me llama...me retengo...subo, te busco 
se adelanta mi mano oprimiéndolo todo 
mi boca te busca...mi lengua orgullosa 
despacio sube hasta la cima...siento su aroma 
y como gata con su presa...lo engulle todo. 
Mis labios lo oprimen...tiembla en mi boca. 
No quiero que acabes mi amor...levanta la cara 
mis cabellos con tus manos separa 
y enreda tu lengua...en mi boca 
que sientas el sabor de tu propia esencia 
a ti me abandono...vuelve loca 
hazme vibrar...a ti te toca... 
que ya mi cuerpo grita...pidiendo tu limosna. 

Copyright Fini López




EL

Como saberte desnuda 
y no saborear tus pechos 
como saberte entregada 
y no penetrar en tus besos 
ya mis labios...buscan 
tus pezones erectos 
y mis manos acarician 
la lívido de tu bajo vientre 
te entregas... sensual, caliente. 
Te beso...te ardo 
mi lengua tu cuerpo paseando 
mis dedos te buscan...mojada 
como gata que me desgarra 
toda gozosa...felina. 
Mi miembro te busca...te encuentra 
gimes...placer que me quema 
fuego que me suda... 
en tus tetas mis manos 
y las tuyas me buscan 
me buscan...? 
Qué ardiente tu cuerpo 
tus senos en mi piel...erectos 
deseándome...gimiendo 
dime amor, qué quieres de mis dedos...? 
Y mientras mi sexo juega con tu sexo 
en placer sin medidas...vuelo 
convulsiones de placer...el cielo 
y digo a mi orgullo...conseguí el reto. 
Te siento amor...te siento... 
eres amazona que monta mi deseo 
toma todo de mí...árdeme en tu juego. 
Cómela...acaríciala...bésala 
siéntela palpitar toda 
ummm...me ardes, me quemas 
te quiero mía...me deseas...? 
Delirio, sentir tu lengua 
me enloquece tu boca... 
siente el elixir que quema tus labios 
que besan hasta el último suspiro de mi cuerpo 
hazme sentirte toda...que en mí viajaras ahora 
cabalgándote hasta la última 
estación de tus gemidos 
vamos amor...deléitame más con tu prosa 
que el clímax alcanzaremos pronto 
tu y yo...solos...en tu alcoba. 

Copyright Fini López Santos
Fotos de la red










lunes, 15 de octubre de 2012

Reflejos



¡Toc, toc! Y apareciste ante mí, así, sin más, con esa mirada entre 
cándida y pudorosa. Ahora se que me vuelve loca... 
Me gusta recordarte, recrearme en todas y cada una de tus palabras dichas, 
hasta que dejaron de ser sonido tornándose susurros. 

Como cada mañana, Ada llegó puntual a su trabajo...siempre llevaba 
la sonrisa puesta, no era una mujer llamativa por su belleza, pero no pasaba 
desapercibida, ella, solía decir en clave de ironía... y con un guiño.
¡Destaco del montón! 

Levantaba alguna que otra envidia entre las chicas, por su simpatía 
y su forma de ser, siempre estaba para quien la necesitaba. 
Tras su mesa, no dejaba a nadie indiferente. 

Aquella mañana alguien preguntó por ella. 
-Soy yo –dijo Ada. 
Y al girarse se dio de bruces con una rosa envuelta con muy buen gusto. 
Frunció el ceño sorprendida... 
-Esto es para usted –dijo el mensajero. 
-¿Y esto? 
-Es un pedido que dejaron -dijo el chico alzando los hombros, acostumbrado 
quizá a aquellas situaciones. 
Una simple nota la acompañaba... 
“Para la chica de delicadas manos y sensuales labios”.





Al día siguiente fueron dos rosas y después tres y cada día se incrementaba
una más y la misma nota... 

Pensó que en algún momento se cansarían  y quedaría todo en una anécdota. 
¿Y si no eran para ella? ¿Y si confundieron el encargo?
Pero, no, recordó que el primer día preguntaron por su nombre, después 
ya no hizo falta.
Se estaba volviendo un poco temerosa, tres semanas, de lunes a viernes, 
quince rosas, pero esta vez con una nota distinta y
más sorprendente para Ada.

“Gracias por despertar en mi, sensaciones que suelo experimentar poco”. 

Su instinto la hizo mirar a su alrededor, como esperando una mirada de 
complicidad, una disimulada sonrisa, un guiño, pero no,
aún tendrían que pasar tres días para descubrir algo más.





Aquel fin de semana marcho fuera de la ciudad, se reunió con los amigos y 
aprovechó el viaje al máximo, tanto que se olvido de todo y es que Salvador 
era extraordinario. 

Fue el último en incorporarse al grupo y a pesar de verse poco, desde 
el principio hubo afinidad. 
-¿Todo bien Ada? -preguntó él. 
-Sí, si, ¿por qué lo preguntas? –contestó ella. 
-Un impulso –y sonrió. 
Aquella noche ella despertó envuelta en sudor y acelerado el pulso, su mente 
le jugo una pasada y el sueño, por como despertó, tuvo que ser bastante agradable. 

¡Andaba algo descontrolada! 

Y llego la hora, pero, esta vez nadie vino con rosas, justo cuando era la dieciséis, 
su numero... fue como un mazazo que la despertó de aquel bonito sueño, y para 
sus adentros se preguntó: ¿de qué me extraño? 

Tenía que llegar. Y pasó la mañana con esa sensación de vacío en el estómago, 
sensación que ya conocía y casi había olvidado.





Estaba recogiendo sus cosas cuando vio entrar  un ramo de rosas, todas blancas 
como cada día y en el centro una de un granate oscuro, y una sonrisa iluminó su 
cara, cogió el sobre de entre ellas y sin mirar le dijo al chico. 
-Déjalas ahí, gracias. 

Y se giro para tener intimidad, su corazón saltaba descontrolado, pero esta vez la
 nota solo llevaba el numero 16...Sin entender, absorta con la nota en las manos, 
escuchó una proposición... ¿Comemos juntos? 

Lentamente se dio la vuelta y apartando el ramo que aún seguía ocultándolo, vio 
a Salvador con una mirada enternecedora y ella, ella, solo acertó a mover su 
cabeza dándole un si por respuesta. 

Se tomó la tarde libre.
Él la enlazó por la cintura y ella se dejó llevar, toda la comida estuvo como 
en un segundo plano, lo escuchaba, lo miraba, sentía su mano sobre la de ella, 
era como si estuviese viendo una película en la que era uno 
de los protagonistas... y se sentía liviana, feliz. 





La acompaño hasta su apartamento y con voz calma Ada le dijo: 
-¿Subes? 
-Si subo, me quedo –contestó Salvador-. Se jugo el todo por el nada. 
-De ti depende... 

Salvador la atrajo hacia él por la cintura y la beso de tal manera, qué Ada quedo 
a la espera de que repitiera de nuevo y al abrir los ojos le vio con esa sonrisa tan 
especial y ella bajó la mirada algo cohibida. 

Le tenía tan cerca que aceleraba su pulso y por qué no reconocerlo, 
lo deseaba... debía notársele en los ojos por como la miraba él. 

No le dio tiempo de encender la luz del vestíbulo, él, cerro la puerta tras de si, 
con su espalda, mientras sus manos se apoderaron de la nuca de ella, su boca 
posesiva, mordió suavemente sus labios, los saboreo, jugo con ellos, hasta 
que ella le pido con ansiedad... ¡Bésame! 

Le fue desabotonando la blusa allí mismo, sin prisa, mientras su boca se deslizaba 
por el cuello de ella hasta llegar a su hombro y sus manos alcanzaron sus pechos, 
erectos, desafiantes, un escalofrío recorrió su piel, Ada, se dejó llevar 
envuelta en el sopor del deseo. 





Apartó la ropa que le sobraba dejando en libertad sus pechos, acerco los labios a sus 
pezones saboreandolos con glotonería, ella acaricio el pelo de él y se agarro a sus 
hombros para no caer, después todo fue un ir y venir recorriendo 
caminos por la piel de uno y otro, se acariciaron casi sin rozarse, evitando sus sexos 
para retardar el placer de tenerse, intensificándolo. 

Rodaron por entre las sabanas cambiando posiciones, se comieron a besos, se lamieron
hasta desgastarse quedando sin saliva y sin aliento y de nuevo llenaban sus pulmones con
ese boca a boca interminable donde enlazaban sus lenguas para saborearse una y otra vez. 

Mordió el lóbulo de su oreja y lo hizo estremecer como hoja al viento cuando se entretuvo 
a lo largo de su cuello, lo giro y recorrió su columna, vértebra a vértebra, sus manos 
al unísono se pasearon por sus costados notando como vibraba, en ese momento le
parecía indefenso, esclavo del placer proporcionado por ella.

Siguió su anatomía y mordió sus nalgas, las masajeó y sus dedos atrevidos recorrieron
 lentamente sus muslos internos, escuchándose un gemido de placer. 
-¡Me vuelves loco! 





Y quiso devolverle cada gota de sudor, cada escalofrío, cada gemido.
La tumbo boca arriba y jugo con su legua por el cuerpo de su hembra 
bajando hasta su sexo, tomando el elixir del amor al tiempo que ella gemía de 
placer y en un ahogado susurro le rogó entre espasmos de gozo. 
-Más, dame más... 

Arqueó su espalda, él la tomo por la cintura entrando en su cuerpo despacio, 
le abrazo ella con sus piernas mientras sus manos retorcían las sabanas y sus caderas 
bailaban frenéticas acompasando cada movimiento a los envites que él marcaba con 
ritmos cada vez más rápidos llegando al clímax entre tequieros, y sonidos guturales 
en gargantas rotas por el placer de un orgasmo. 

Al serenarse... Ada presencio lo más bello, lo más hermoso, el espejo le devolvió 
con sus reflejos la imagen de sus cuerpos desnudos 
y abrazados envueltos en un sopor placentero.




Al día siguiente llego al trabajo, bellisima, irradiaba felicidad, hasta el carmín 
de sus labios parecía recordar los besos dados cuando escuchó una voz 
familiar decir su nombre. 
-Sí, soy yo -contestó recordando la primera vez, sin poderlo evitar-.A
Su cuerpo tembló levemente. 

Una rosa blanca, se abrió camino hasta ella sin más adorno que un lazo del 
que colgaba un pequeño sobre, el corazón le dio un vuelco y su pulso se acelero, 
las miradas se centraron en Ada, a pesar de que ya era familiar la escena. 
-Gracias –no dijo más. 

Y sacando la nota, tan celosamente guardada en el sobre se giro tímidamente y leyó: 
-Necesito urgentemente las yemas de tus dedos recorriéndome sin prisa. 
Salvador. 

Y una lágrima de felicidad rodó por su mejilla, fruto de la tensión acumulada
en aquellos segundos interminables, que tardo en abrir el sobre.
Él, la observaba, comprendió que ya no podría apartarla de su lado.
¡La amaba!


Copyright Fini López Santos (2012) 
Fotos de la red