martes, 7 de agosto de 2012

Nuestras manos

Foto de la red


Un presentimiento amenazador llenaba de ansiedad mi 
cuerpo, acechando en mi corazón dormido.
Aquel sentir sin saber, me hacía estar expectante
llenándome de una inquietud amenazante.
Viniste a mí como un desconocido y como tal nos presentaron,
tus manos tomaron las mías y nuestros ojos se encontraron,
tu rostro tantas veces recordado, seguía intacto por el paso de los años
y dando paso al mudo asombro, los labios al unísono pronunciaron
nuestros nombres ya olvidados.
Cuántas veces nos buscamos sin lograr encontrarnos,
cuántos besos perdidos sin recibir nuestros labios,
cuántas caricias deseadas tan celosamente guardadas
por aquella timidez qué nos caracterizaba.
Y cuando creíamos tenernos en aquella noche estrellada,
nos perdimos uno al otro.
“Quise encadenarme a ti y no supe cerrar mis brazos”
¡Cuánto perdimos por callar!
Tú, tu no preguntaste, yo, yo no te retuve.
Mucho tiempo pasó desde antaño floreciendo las rosas cada 
verano lejos, las vidas forjamos intentando olvidar en vano,
tú, tu marchaste evitando el encuentro yo,
yo marché huyendo de tu recuerdo.
Hoy, cuando ya asoman las canas y nuestras primeras arrugas
marcadas por el tiempo, el destino quiso jugar con los sentimientos
dormidos, sin pensar por un momento qué al provocar el casual encuentro,
viviésemos a través de nuestras manos lo qué debiera haber sido eterno.
¡Toda una vida sin tenernos!
Aquel día, debí decir te quiero, aquel día, debiste besarme sin miedo.
Te busqué cada noche en mi cama vacía de amor y caricias
notando fría, muy fría la almohada y las sabanas de tu aroma limpias.
Ahora, cuando te tengo frente mis ojos, los tuyos siguen buscando,
ya no somos aquellos muchachos qué jugaban a enamorarse.
Quisimos resguardar el corazón ocultando la impotencia
de sentir vivo el amor en el recuerdo y la distancia.
Y nuestras manos fueron portadoras de caricias por los dos olvidadas
y sin salir la voz de nuestras bocas, tú, tu me entregaste besos ansiados
y yo, yo juré seguirte amando.

Copyright Fini López Santos






















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