Fue un placer ser tu amiga, te fuiste demasiado pronto...gracias por este regalo.
Siempre en mi corazón, Andy.
Foto de la red
¿Dónde está? ¿Qué ve, qué piensa?
Allí está, sentado a un lado.
La gente viene, lo saluda, se va, pero él se queda,
y yo me pregunto ¿a dónde va?
Parece estar ajeno a todo lo que le rodea.
Mira de frente durante mucho tiempo. Sin moverse.
¿A dónde va? Saca un cigarrillo de su rebeca,
lo enciende…lo lleva a la boca, lo fuma, lo acaba
y lo apaga. Malamente. La expresión no cambia.
Me pregunto, ¿qué mira?
Sigue el cigarrillo quemándose en el cenicero.
Pero no se da cuenta.
No está aquí. ¿Dónde está?
La mirada lejana se tuerce para dentro, como un Buda
esculpido en la ladera de la montaña, parece que los
ojos inertes siguen cada movimiento.
Él manda con su presencia.
Igual que el patriarca que preside una boda, el mentón
apoyado en el bastón, atento, pero silente.
No le hacen falta palabras, sabe que delatan.
Se levanta, y con la ayuda de su bastón anda, lento
pero seguro. Paso tras paso. ¿A dónde va?
Mis ojos lo siguen de cerca.
Prueba el camino, lo tantea. Lo ha recorrido miles
de veces, pero tiene que estar seguro. Es cauteloso.
Llega una mujer, lo coge con cariño y lo mira a los ojos.
Él sonríe, en silencio.
El sol acaba de penetrar la opacidad de sus ojos.
Ella lo lleva por un camino seguro, ve por sus
ojos, y él se deja llevar.
Gira la cabeza, la mira, pero no la ve.
¿Entonces, porqué lo hace?
¿Por qué el amor es ciego?
Yo apostaría que no. Es porque el amor le ha dado
la visión más amplia que la de muchos videntes.
Copyright Fini López Santos