domingo, 31 de agosto de 2014

Desenlace


Fotos de la red


Arrastraba la pequeña maleta, sin fuerzas,
y no es que pesara, eran sus pies los que eran
plomos y la acera un imán que hacia ella los atraía.
El caminar se torno doloroso y cansado.
Sus lágrimas corrían libres, silenciosas, resbalando
por la mejilla hasta su boca, ya no se molestaba en
quitarlas con su mano, ni le importaba las miradas
de la gente con la que se encontraba. Su cabeza alta
y mirada al frente enmascaraba el profundo dolor
que sentía en su pecho, esa punzada en el corazón
que daba paso al ahogo latente de su garganta, y es
que se sentía presa de aquellos labios que la
condenaban al más duro de los silencios.


Recordó sus nervios al llegar aquella tarde a la
ciudad donde nadie la esperaba, con el firme
propósito de acortar la distancia que él había
impuesto a su relación con ella después de aquella
fatídica mañana.
No hubo reproche alguno, simplemente silencio,
no le dio la más mínima oportunidad de saber en
qué falló. Cualquier reo tiene derecho a su defensa,
ella no… para ella, ausencia total de palabras.


Le pidió al taxista que la dejara al principio de la
calle, quería llegar por sorpresa, ver su reacción
sin que tuviese tiempo a enmascarar cualquier
expresión de su cara.
Respiró profundamente y tocó el timbre… las cartas
estaban echadas y su corazón se desbocaba a cada
latido… silencio, eterno silencio.
Apareció tras la puerta semientornada sin expresión
alguna en su faz, mirándola como a una desconocida.
¡Ah! Fue la única palabra que salió de su boca.

Ella quiso un acercamiento pero él se convirtió en un
muro infranqueable, su impotencia le gritaba ¡basta!
Y decidió cerrar el círculo.
Sabía a lo que se arriesgaba buscándolo, pero… no
podía ni quería echar por la borda tanto vivido, tanto
sentido, por nimiedades… y sin luchar.
Quizá ella no supo leer entre líneas que todo estaba
acabado por parte de él y aquella mañana fue el as
que necesitaba para dejarla de lado.

Por un momento le pareció ver una punzada de
dolor en su mirada, falsa percepción cuando
atisbó en un segundo que no estaba solo.
Controló el ataque de ansiedad con el que creía
morir pintando una sonrisa en aquellos labios
que pugnaban por temblar y descubrir la verdad,
pero no iba a darle el placer de verla destrozada
y de nuevo volvió a colocar su máscara.
Acera abajo caminó intentando no mostrar
debilidad alguna, arrastró la pequeña maleta
sin fuerzas… se perdió con la tarde en la vorágine
de una ciudad desconocida y se dejó llevar sin
luchar en la espiral del olvido.

Copyright Fini López Santos.




Sin máscara

Dibujo autoría: María Belen

En este vaivén de olas lejanas, mares de acercamientos
donde las confidencias llegan en tropel y los secretos
ya se escuchan a voces…el día es triste y opaco.
Es un día de esos en que mejor anocheciera pronto
y amaneciera tarde para dormitar lentamente…
sin pensar…amor…sin pensar.
Tus palabras cortas y escuetas, rompen el alma.
Venías abastecido de exigencias y…no soy de
puñaladas por la espalda, no voy a utilizar máscara
contigo, ya ves…me gusta que me mires a los ojos.
Si pudiese conversar cara a cara sabría de antemano
cada palabra de reproche gestada en mi contra.
 ¡Hasta este punto cambió nuestro encuentro!
Si algo disculpa este carácter, es que no soy ni ángel
ni demonio…tan solo una mujer enamorada.
Me redactas contrato de amor en tiempo y forma
con cláusulas arcaicas y obsoletas que me niego a
firmar… y los recuerdos se agolpan en mi mente
llevándome a cuando tu y yo éramos dos.
Viene a mi memoria tu romántica declaración de
antaño, la que unió nuestras manos ante el santuario
y pienso en la desconexión actual…tú aquí…yo allá…
…tu allá…yo aquí… y no quiero freno a nuestro
Idilio…nada que me aleje de ti… y es que te amo
…te amo… te amo…
Esta soledad la quiero contigo y es que a veces te
necesito, otras te deseo, otras te olvido… ¿Olvido?
Miro tus ojos, esos que me cautivaron junto a tu
sonrisa y te agradezco que me enseñases a reír
en mitad de un temporal de lágrimas.
Pensé que podría estar sin ti… pero ni puedo…
ni quiero…solo tú me apartas.

Copyright Fini López Santos.


Foto de la red

viernes, 29 de agosto de 2014

Castigo

Foto de mi autoría. Plaza de la Viña



Un soplo de brisa alivia el sopor de la mañana 
cuando mi paso ligero te espera y te extraña. 
Se hace eterna la condena de tu ausencia, 
cada palabra no escuchada se torna lágrima 
en el paseo por el que es derramada. 
Te llamo a cada paso hasta quedar vacía 
de tu nombre mi garganta y con tu risa 
desterrada, sucumbo al olvido de la palabra.


Copyright Fini López Santos






domingo, 24 de agosto de 2014

Vacía

Foto de mi autoría



Sé que no escuchas lamentos
que fueron ahogados con tu...
sentencia a cadena perpetua,
sé que borraste cualquier sonido
que provenga de aquella voz...
y pueda alterar tu silencio,
ni con ensayo habría salido 
el tiro mortal, perfecto,
en el centro de la diana.
Corazón deshecho, los oídos
sordos del matiz de tus palabras.
Aquellas manos entrelazadas…olvidadas.
Los abrazos por la espalda…traicionados.
Aquellas miradas que tanto y tanto dijeron, 
hoy, son cuencas vacías de ojos muertos.
No pudiste despedazar cada segundo
compartido, ni con la fuerza y el ímpetu
sin piedad de tu boca callada.
Nunca habrá olvido.

Copyright Fini López Santos








Olor

Foto de la red



Bajo las sabanas blancas 
de efluvios de amor llenas,
mi piel deja libre su memoria,
de caricias, de entrega amatoria
y mi cuerpo derrotado de ternuras,
suplica a tu boca una nueva oratoria
donde los labios carceleros y en penumbra
vibran ante el eco desgarrado de mi entrega.

Copyright Fini López Santos





viernes, 22 de agosto de 2014

Imagen


Foto de mi autoría



Tengo tantos defectos, que no podría enumerarlos.
Complejos de niñez que siguen molestando
a pesar que mi vida rebasa el meridiano.
Tengo miedos infundados, miedos controlados,
miedo a perderme a perderte, al rechazo.
Dolores añejos, dolores del momento, cuando 
la retina se llena de recuerdos en cuarentena
y me asalta la soberbia inoportunamente,
cuando debiera ser humildad lo atesorado
en este cuerpo ajado, para saciar el hambre
de este amor que calmar nadie antes logró. 
Me mata la impotencia por la falta de 
entendimiento, cuadrada mente que arruina
las jugadas, hipocresía redomada, afán de
supervivencia en un corazón donde debo 
luchar, pasiones caducas, amores en destierro 
donde nado contracorriente porque no quiero,
no quiero dejar de amarte.
Tengo tantos defectos que lapidan sentimientos.

Copyright Fini López Santos.






domingo, 17 de agosto de 2014

¡Qué tristeza!

Pintura autoría: María Belén


A la espera de tus migajas
dispuesta para tu antojo,
ya me cansé de estar.

Te acostumbraste a danzar
cual río en otras veredas
al amparo y su cobijo.

Escupo la rabia contenida
que me producen tus maneras
con la boca de aromas olvidada.

Y mueren en tu garganta palabras 
llenas de silencios eternos
ante el dedo acusador de tu olvido.

No, ya no voy por tu vida con sigilo,
ya no me estremecen tus caricias.
Llenaste el corazón de inviernos.

Copyright Fini López Santos


sábado, 16 de agosto de 2014

¡Nunca debí quererte tanto!

Foto de mi autoría



En aquel remanso de paz,
con infinita ternura mi dedo
en tus labios se posó y 
lentamente los acarició.
Vi en tus ojos el silencio
acusador por mi atrevimiento.
Tu mano, cayó con fuerza sobre
mi brazo en un arranque de impotencia
y mis ojos lanzaron puñales cuando
nuestras miradas se encontraron,
tímidamente recogí el antifaz.
¡Nunca debí quererte tanto!

Copyright Fini López Santos





miércoles, 13 de agosto de 2014

Tus miedos

Foto de la red


Después de un día frenético junto a la alegría del reencuentro,
 hizo que al caer la noche nos refugiásemos en el sofá agotados.
Las risas dieron paso a las confidencias, tú desplegabas tu 
verborrea y yo simplemente te miraba. 
Tus brazos, fuertes y musculosos me rodeaban con dulzura.
¡Había soñado tanto este momento!

- Deberíamos preparar un tentempié, estoy hambrienta 
 y no sólo de ti.
En tu mirada había algo extraño que no supe descifrar, 
una fugaz sombra pasó aquella noche inadvertida ante
la dicha de estar juntos, como habíamos deseado.

Tu sonrisa se tornó enigmática, quizá fue el cansancio 
producto de una sospecha infundada, que junto a mis 
ansias por estar contigo, no detectaron tu azoramiento.
Aquella noche dormí abrazada a tu espalda.

Los días siguientes el teléfono era un constante sonar 
a toda hora, me pareció que tus nervios iban en 
aumento y temí fuese por mi culpa.

-¿Sabes, amor? 
Creo que perturbo tu vida, quizá no fue buena idea 
el venir, tal vez nos falte tiempo.
-No es eso, compréndelo.
-¿Qué debo comprender?
-No estoy habituado al nuevo aroma de esta casa, 
no hace falta escuchar tus pasos para saber por 
donde andas.
-No te gusta- te dije mimosa.
Me abrazaste deslizando tus labios desde el cuello 
hasta mi hombro.
-¡Me encanta tu perfume!- dijiste.
-Ummm… si sigues te retengo-
Y te marchaste a desgana con el brillo que tanto me 
gusta ver en tu mirada.

Me cuesta sacarte de mi mente durante las horas que 
no estas a mi lado, se hace eterna la espera y la 
tardanza de tu regreso se me hace insoportable, tan 
solo tú absorbes mi tiempo y este soliloquio en nuestra 
habitación a de llegar hasta ti. 

Días más tarde comprobaría que aquella fugaz sombra 
 casi olvidada, no fue imaginación mía.
Me presentaste a tus amistades aquella noche y entre 
copa y copa, risas y preguntas indiscretas, te perdí, mis 
ojos recorrieron la estancia sin éxito, y me encontré sola 
ante la mirada inquisidora de más de un amigo tuyo. 
Hizo que me sintiera incómoda y salí al jardín maldiciendo 
tu poco tacto.

-¿Dónde estarías?
No tarde en descubrirlo, subí a la segunda planta, la puerta 
entre abierta dejaba ver tu cara, el placer te embargaba, 
tus manos sujetaban las caderas de ella y sus gemidos no 
dejaban nada a la imaginación.

Nos miramos, tus ojos suplicaron… tus labios hablaron 
de miedos… pero yo estaba herida de muerte y no me 
quedaba sangre en las venas. Mi adiós fue definitivo.
Hoy sigo recordándote como la primera vez, tengo
tus besos incrustados en cada rincón de mi piel ajada.

Copyright Fini López Santos






viernes, 1 de agosto de 2014

La promesa

Foto de la red


Hay días que te necesito demasiado.
De repente, descubro nuevas muecas,
nuevos matices en tu voz que me 
hacen crear dependencia de ti.
¿Porque he de quererte tanto?
Lo que diera por que sintieras este
calor que me devora, esta necesidad de 
abrazar continuo, de acariciar amorosa 
tu cabello, de sentirte en mi abrazo,
así, sin más, por el simple echo 
de tenerte junto mí.
¡Odio esta soledad impuesta!
Alargo mi mano en tu busca
y se pierde su silueta entre la niebla
de la distancia que cubre las frías 
sabanas, donde una cometa te deja
un suspiro nacido de mis entrañas.
Y en este duermevela donde el sopor
de un sueño me lleva a tu encuentro 
como tantas veces, le susurro a tu 
oído la promesa de quererte.
¿Acaso mi cielo, no sientes igual?
Y es que tú sabes amor,
que todo es poco cuando estas
lejos, que estas conmigo en cada 
pensamiento y que al igual que tu,
necesito de ti para ser libre.
¡Y me pides que no te olvide!

Copyright Fini López Santos